RAV. POR UN BALANCE DE HISTORIAS

RAV. ARCHIVO DIGITAL DE LAS ARTISTAS VISUALES DE CONCEPCIÓN.

POR UN BALANCE DE HISTORIAS

 

La historiadora feminista Joan Scott, en su artículo “El género: una categoría útil para el análisis histórico”, reseña crudamente los impactos que tiene en la disciplina historiográfica la invisibilización de ciertas subjetividades y experiencias que interpelan el ordenamiento global del relato moderno. Dice que los y las  sujetos existen cuando son nombrados y ese nombre lo otorga un discurso que los ubica en jerarquías, que los incluye o los excluye.  Frente a este ordenamiento discursivo, que afecta sin duda al campo de las artes,  siempre han existido voces disidentes que han intentado subvertir estas lógicas, sobre todo desde el activismo. A partir de los años sesenta, por ejemplo, las mujeres artistas, junto a los/las afrodescendientes como sujetos/as carentes de poder enunciativo -sobre todo en Estados Unidos, pero que se extrapola a Latinoamérica en su carácter de reproductor colonial- iban a hacer visible que el museo, pese a su pretendida universalidad, es en realidad una institución burguesa, creada por y para un sujeto histórico masculino, de raza blanca, propietario, y que se reconoce a sí mismo, precisamente, en la llamada alta cultura” (2008:102). Pese a los esfuerzos, y como reseñan las activistas del arte Guerrilla Girls, a partir de ese momento el escenario para las artistas iba a ser cada vez más tenso.

FotorCreatedEsta situación es parte de un engranaje que -anclado en un relato patriarcal -naturaliza algunas dinámicas que afectan la práctica de las artistas e impactan, por ejemplo, en los programas de formación de las instituciones universitarias que imparten carreras ligadas a las artes visuales. Se trata de programas o mallas académicas  donde, la mayoría, se sostiene en una percepción del arte universal donde los referentes reseñados como clásicos son fundamentalmente varones. Al respecto, textos como “Crítica feminista en la teoría e historia del arte”, de las compiladoras mexicanas Karen Cordero Reiman e Inda Sáenz, reseñan una serie de trabajos que indagan en esa línea y es documento fundamental para nosotros.

Si establecemos una genealogía histórica de las artes visuales penquistas ésta ha sido hilvanada por el trabajo y aporte de colectivos y artistas que han situado la práctica dentro de un mapa cultural de importancia en el circuito nacional. Pese a ello, la escasa sistematicidad o, de plano, la carencia de una mirada editorial de dichos procesos y contextos (publicaciones y lecturas críticas) ha prevalecido en la escena de las artes visuales de Concepción. Esta situación se hizo aún más evidente con la publicación de “La puesta a prueba de lo común. Una aproximación a los discontinuos trazos de la dimensión colectiva en el arte contemporáneo penquista” (2014), de Cristián Muñoz y David Romero. Ésta iniciativa, junto a la que actualmente están realizando las investigadoras Leslie Fernández, Claudia Ortiz y Carolina Lara, “Artes visuales en Concepción, 1972-1990. Aportes desde lo local a la escena artística nacional”, vienen a “hacerse cargo” de  generar lecturas críticas desde el gesto teórico e historiográfico de los últimos 40 años de la escena penquista. Ambas investigaciones, tremendamente importantes, sin embargo, no establecen la variable del género como pulsión de una dimensión crítica del arte.  Indagando en antecedentes a estas iniciativas, no fue posible encontrar publicaciones que incorporen y/o investiguen acerca de la producción de mujeres artistas en la comuna, menos de los impactos que el eje arte/género pudiesen tener a la hora de realizar una mirada de la escena penquista. De todas maneras, hay cierta unanimidad en considerar que el texto “Pintores Contemporáneos de Concepción”, editado por Vicente Rojas, Jaime Petit y Oscar Barra del Grupo Grisalla, es uno de los solitarios intentos por situar historiográficamente la escena de las artes visuales penquistas. Este documento del año 1999 reseña la obra de 16 artistas entre los cuales no figura ninguna mujer.

Hoy, existe consenso en considerar las perspectivas de género no sólo como necesarias en pos de un balance de historias dentro del ámbito cultural y museográfico, sino que, también, como eje crítico de lectura de los procesos que forman parte de la escena artística de un territorio.  Es atendiendo a ese contexto que se articula la producción de un archivo audiovisual que, vía el registro de una entrevista,  sitúe los procesos reflexivos detrás de la producción de obra de 16 artistas visuales de Concepción. En esa primera etapa se entrevistarán a las artistas: Natascha de Cortillas, artista visual/instalaciones y acciones performáticas; Leslie Fernández, artista visual/gestión; Valentina Villarroel, artista visual/arte y nuevos medios; Valentina Rivas, artista visual/pintura; Rosa Valdivia, artista visual/bordado y materialidades vernáculas; Pía Aldana, artista visual/pintura, dioramas; Romina Orrtega, artista visual/grabado; Lucía Haristoy, artista visual/pintura; Carola Stremelj,artista visual/pintura; Patsy Milena, artista visual/pintura; Claudia Inostroza, artista visual/fotografía; Alejandra Grandón, artista visual/fotografía; Andrea Herrera, artista visual/fotografía; Andrea Mankhe, artista visual/pintura; Sofía Cancino, artista visual/pintura;  Constanza Schmidlin, artista visual/pintura.

12032009_827858597312169_7802012910358805763_nGenerar un archivo con el trabajo y reflexión de mujeres artistas visuales tiene sentido, más que como ajuste de cuentas, como un gesto  que permite establecer un punto de inflexión en las narrativas locales, incorporar una lectura para un arte penquista que se piensa crítico, inclusivo y con identidad propia, que busca puntos para generar una estructura genealógica, a fines de llevar este relato lo más completo posible a futuras generaciones culturales.

Paulina Barrenechea, Concepción, 2016.

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